sábado, 26 de mayo de 2012

CHANCHO, EL HEROE DEL CAMPO


“CHANCHO, EL HEROE DEL CAMPO”

El campo parecía un cómplice clave de su libertad, un gran compañero para poder hacer lo que quisiera, ya que eran el y su destino, el y la inmensidad del monte. Había nacido allí, fue el sexto hijo de Dora, quien después tuvo varios hijos más. De chico le llamaron chancho y ese apodo no se le quitó más. Sentado junto a un tronco de roble, allí estaba diseñando su juguete, tallándolo con una cuchilla que logro robar de la cocina de su madre, sin que ella se dé cuenta. Era la hora de la siesta, hora especial para preparar su arma, y salir a jugar al cazador furtivo, entre los arbolitos del fondo del rancho donde vivía. Allí se internó cuando hubo terminado su revolver de madera con municiones de fragmentos de caña, buscando bichitos entre los matorrales, para apuntarles y darles una muerte de fantasía. Esa aventura inocente se repite todos los días, a la hora de la siesta, porque “chancho” como sus otros hermanos viven una infancia con necesidades. En el medio del campo esta su casa, rodeada de montes, arboles y matorrales, lo circundan caminos que los días de lluvia dejan aislada a la poca población que vive allí, además de no dejar pasar a los que quieren visitarlo.

Allí vive este niño, toda inocencia pero que imagina que sus aventuras comienzan a la hora de del descanso de la tarde, como un héroe intrépido. Vuelve del colegio al mediodía junto a sus otros hermanos, algunos en bicicleta, y se sienta en la mesa luego de un reto de su madre que lo mandó a lavarse las manos. Comiendo un almuerzo humilde, guiso con un pedazo de tortilla que le logro quitar a su hermano mas grande, o mejor dicho que este se lo dio por no desproteger al menor.


Cuando Dora llama a la siesta es como si se encendiera una alarma o un aviso, como la “batiseñal” de Batman, es el momento de iniciar una nueva aventura. Luego de alguna pelea con sus hermanos, todos juntos se van a los fondos del rancho, allí esta el tronco en el suelo y el pequeño árbol que los reúne, con su humilde copa, parece como que los protegiera. Empieza el trabajo de tallar las armas, es una carrera contra el tiempo, quien hará mas rápido revolver y municiones, quien podrá terminar mas rápido y así, con el elemento en mano, internarse en el monte, que ahora se transforma en patio o parque de juegos de estos pequeños santiagueños, no tan tenidos en cuenta de nuestra provincia norteña.

Con arma en mano, “chancho” se mete en el monte, entre las ramas y los arbolitos se dibuja su silueta, sigiloso con los pasos de pies descalzos, no le teme a las espinas ni al chaguar, una hierba muy punzante que abunda por estas zonas. Ya vio una mariposa o un colibrí feliz de picar una flor muy deliciosa, les apuntó y fallo, pero no los quería herir, esa no era su intención, lo que el quería es afilar su puntería. Entre las ramas hay unos arbolitos con deliciosas frutitas que chancho saborea como golosinas, ya que no existe kiosko en la zona, pero dios parece apiadarse de estos chicos santiagueños y les provee de unos dulces que saborean muy felices, al amparo de su libertad.

Cuando nuestro personaje ya sintió su espíritu saciado de aventuras, se aprestó a dirigirse a su base, el tronco y el árbol, pero en el camino se cruzo con una malévola víbora, la cual se escondía en las raíces del chaguar, porque ahí es mas frio. La víbora se transformo en su peor enemigo, era a ella a la que estaba buscando para librar una batalla, había llegado el momento de probar su heroicidad y su arma, que con tanto esfuerzo fabricó. La víbora se abalanzó con sus fauces hacia los piececitos desprotegidos de “Chancho”, este hizo un movimiento rápido y logro eludir una segura mordida venenosa. Luego de que la víbora cayera vencida por su fallido ataque, le tocaba el turno nuestro héroe de usar de su oportunidad, apunto hacia el objetivo con mucha seguridad y disparo una munición de recorte de caña, la cual impacto en la cabeza del enemigo y la echo hacia un lado, dejando libre el paso para que “Chancho” corriera y se escapara de esa terrible amenaza. Viva nuestro héroe, a podido vencer a su enemigo, a podido vivir una gran aventura, que seguramente contara a sus hermanos y podrá escribirla en el muro de su memoria.

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