“CHANCHO, EL HEROE
DEL CAMPO”
El campo parecía un cómplice
clave de su libertad, un gran compañero para poder hacer lo que quisiera, ya
que eran el y su destino, el y la inmensidad del monte. Había nacido allí, fue
el sexto hijo de Dora, quien después tuvo varios hijos más. De chico le
llamaron chancho y ese apodo no se le quitó más. Sentado junto a un tronco de
roble, allí estaba diseñando su juguete, tallándolo con una cuchilla que logro
robar de la cocina de su madre, sin que ella se dé cuenta. Era la hora de la
siesta, hora especial para preparar su arma, y salir a jugar al cazador furtivo,
entre los arbolitos del fondo del rancho donde vivía. Allí se internó cuando
hubo terminado su revolver de madera con municiones de fragmentos de caña, buscando
bichitos entre los matorrales, para apuntarles y darles una muerte de fantasía.
Esa aventura inocente se repite todos los días, a la hora de la siesta, porque
“chancho” como sus otros hermanos viven una infancia con necesidades. En el
medio del campo esta su casa, rodeada de montes, arboles y matorrales, lo
circundan caminos que los días de lluvia dejan aislada a la poca población que
vive allí, además de no dejar pasar a los que quieren visitarlo.
Allí vive este niño, toda
inocencia pero que imagina que sus aventuras comienzan a la hora de del
descanso de la tarde, como un héroe intrépido. Vuelve del colegio al mediodía
junto a sus otros hermanos, algunos en bicicleta, y se sienta en la mesa luego
de un reto de su madre que lo mandó a lavarse las manos. Comiendo un almuerzo
humilde, guiso con un pedazo de tortilla que le logro quitar a su hermano mas
grande, o mejor dicho que este se lo dio por no desproteger al menor.
Cuando Dora llama a la siesta es
como si se encendiera una alarma o un aviso, como la “batiseñal” de Batman, es
el momento de iniciar una nueva aventura. Luego de alguna pelea con sus
hermanos, todos juntos se van a los fondos del rancho, allí esta el tronco en
el suelo y el pequeño árbol que los reúne, con su humilde copa, parece como que
los protegiera. Empieza el trabajo de tallar las armas, es una carrera contra
el tiempo, quien hará mas rápido revolver y municiones, quien podrá terminar
mas rápido y así, con el elemento en mano, internarse en el monte, que ahora se
transforma en patio o parque de juegos de estos pequeños santiagueños, no tan
tenidos en cuenta de nuestra provincia norteña.
Con arma en mano, “chancho” se
mete en el monte, entre las ramas y los arbolitos se dibuja su silueta,
sigiloso con los pasos de pies descalzos, no le teme a las espinas ni al
chaguar, una hierba muy punzante que abunda por estas zonas. Ya vio una
mariposa o un colibrí feliz de picar una flor muy deliciosa, les apuntó y
fallo, pero no los quería herir, esa no era su intención, lo que el quería es
afilar su puntería. Entre las ramas hay unos arbolitos con deliciosas frutitas
que chancho saborea como golosinas, ya que no existe kiosko en la zona, pero
dios parece apiadarse de estos chicos santiagueños y les provee de unos dulces
que saborean muy felices, al amparo de su libertad.
Cuando nuestro personaje ya
sintió su espíritu saciado de aventuras, se aprestó a dirigirse a su base, el
tronco y el árbol, pero en el camino se cruzo con una malévola víbora, la cual se
escondía en las raíces del chaguar, porque ahí es mas frio. La víbora se
transformo en su peor enemigo, era a ella a la que estaba buscando para librar
una batalla, había llegado el momento de probar su heroicidad y su arma, que con
tanto esfuerzo fabricó. La víbora se abalanzó con sus fauces hacia los piececitos
desprotegidos de “Chancho”, este hizo un movimiento rápido y logro eludir una
segura mordida venenosa. Luego de que la víbora cayera vencida por su fallido
ataque, le tocaba el turno nuestro héroe de usar de su oportunidad, apunto
hacia el objetivo con mucha seguridad y disparo una munición de recorte de
caña, la cual impacto en la cabeza del enemigo y la echo hacia un lado, dejando
libre el paso para que “Chancho” corriera y se escapara de esa terrible
amenaza. Viva nuestro héroe, a podido vencer a su enemigo, a podido vivir una
gran aventura, que seguramente contara a sus hermanos y podrá escribirla en el
muro de su memoria.
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