viernes, 28 de diciembre de 2012

A OCHO AÑOS, EN CROMAÑON SE ESCUCHAN SOLO GRITOS DE JUSTICIA


Un nuevo aniversario más de aquel fatídico hecho. Luego del 2004, Bartolomé Mitre al 3000, se transformó en un santuario.

Ocho años después de aquel fatídico 30 diciembre de 2004, el vallado policial que custodia el frente de Cromañon en el barrio de Once, pareciera encapricharse con las almas de las 194 victimas que quedaron atrapadas dentro del local de la calle Bartolomé Mitre 3066. Aquella noche hacían su última presentación de una serie consecutiva de conciertos, unos músicos que descollaban talento e iban camino a lograr éxitos esperables. “Callejeros” se estaba gestando como una banda de culto, emulando a otras tantas como las que tuvo el rock nacional argentino.
Una singular adoración les llegó de todos modos luego de esa noche. Empezaron a tener una identidad única y trágica Ese infortunado 30 de diciembre, convocaron a un par de miles de jóvenes, a un lugar donde era imposible meterlos a todos. La falta de responsabilidad, que se repitió en muchos otros shows y recitales desde varios años atrás, llegó inevitablemente a su cúspide con esta tragedia. Ese penúltimo día del año 2004, el terror se tiñó en torno al show recién iniciado por los “Callejeros”. Fontanet no habían terminado la primera estrofa del primer tema” distinto”, cuando empezó la desesperación. Las más de dos mil personas que estaban allí, sudados y apiñados por el calor de diciembre, empezaron a percibir el olor de la muerte.


No sabían que sucedía ni que inhalaban, lo único que entendían es que debían salir de ese lugar. Si bien las bengalas y bombas de estruendo, le ponían color desde hace tiempo, al marco de publico que asistía a los shows, esta vez le dieron un tono sombrío. Antes de lo acontecido, el festejo fue impactante, banderas y un ritual que acompañaba a la banda desde que empezó su carrera vertiginosa. El clip “Una nueva noche fría” los había colocado en el ranking de los más vistos y eso les fue rodeando de adeptos, los mismos  que estaban esa noche en Cromañon. La capacidad ya había sido superada, pero ni eso ni el calor pudieron poner barreras a los pibes que entraban por los molinetes, que luego se convertirían en trampas. A punto de comenzar el recital, las palabras de uno que sabía bastante lo que se iba a venir, sonaron estridentes, desde algún sector o cabina de sonido salió la exclamación: “Rescátense un poco, porque se prende fuego el lugar. ¿Entendieron? ¿Les quedo claro a todos? ¿Si? ¿Se van a rescatar? ¿Se van a poner de las pilas? Bueno, rescátense…tenemos que hacer el show loco”.
Luego salió por las cajas de sonido, la voz de Chaban, quien incurrió con su verborragia en estos instantes previos : “Buenas noches Cromañon, bienvenidos a la ultima velada del año. Gracias a este hermoso, distinguido publico. Damos comienzo al show, con ustedes y para ustedes…¡Callejeeerooos!”. Patricio Santos Fontanet, Juan Carbone, Cristian Torrejón y el baterista Eduardo Vasquez ya estaban en escena, con su fuerza de siempre, que ya habían desplegado en los shows de los dos días anteriores, donde todo parecía normal y que nadie imaginaria que depararía este final. La producción de la banda, engendró un espectáculo donde presentarían tres días consecutivos, los últimos álbumes que catapultaron a Callejeros al éxito: “Sed”,”Presión” y “Rocanroles sin destino”, estos fueron los discos que se presentaron los tres días seguidos, el 28, 29 y la pesadilla del 30 de diciembre. El líder de la banda entró con fuerza cantando “Distinto” sin saber que esa seria su última canción, para después pasar a ser otra persona ante la sociedad. Llegó a cantar la mitad del tema así: “A terminar con el cuento mas oscuros, a derribar los muros de mi mente, a ser un poco menos consciente, a acabar…con mis pensamientos decentes…”. y continuó un   silencio abrupto y definitivo de Fontanet por el corte de sonido, comenzaba a gestarse la mayor tragedia que conociera la Argentina.


Superó al incendio de Keyvis de los `90 por mucho, pero aquello debió haber sido una advertencia, no se la escuchó. Al fuego que provocaron las bengalas arrojadas, por los que luego se los conocerían como “los tres”, al material que cubrían los techos, le siguió el infierno. Continuó la oscuridad  y todo comenzó a ser desesperación, gritos y estampida del público, creían que todo se prendería fuego. Pero no, eso no era lo más grave, lo terrible fue que sin saberlo, empezaban a sentir un olor muy fuerte, el humo del material contaminante que cubría los techos de Cromañon y que empezó a matar a muchos.
Los molinetes de la entrada del boliche, mas la famosa puerta de emergencia con candado que daba a un estacionamiento, fueron la trampa para 194 personas que no entendían como hacer para escapar de ahí. Entre la oscuridad, los gritos, apretujones, aplastamientos y ese olor que les apuñalaba en los pulmones, la salida se veía cada vez más lejos. Fontanet y su gente se escaparon por una salida trasera, Chaban también pudo escapar y no se sabe que pasó con “los tres”, pero no pudieron evadirse a estos ocho años de angustia de las familias de las victimas y de los sobrevivientes, tampoco a los gritos desgarradores que parecen escucharse aun hoy, cuando se deambula por las veredas de Bartolomé Mitre al 3000. Las vallas de custodia que rodean hoy la entrada del boliche, pareciera que siguieran ensañándose con los chicos de Cromañon y no los dejara encontrar la salida.


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