El
viernes es el día clave, la ley de medios se debe cumplir a como de lugar, por
una firme posición del gobierno argentino.
Se viene el día
mas significativo para los comunicadores, fecha tan esperada que marcará un
antes y un después de un periodo en la comunicación argentina. Allá por los
noventa, la tromba menemista llegó con la privatización de todo, de- to-do,
también de los medios. Se vendieron los canales y radios que hasta ese momento
pertenecían al estado (también mal manejados), al dominio de un grupo que luego
se transformó en multimedios. Se trató de Clarín, que fue el más congruente
beneficiado de todo este plan monopólico neoliberal. Quizás de Menem, esto no
fue lo mas crudo para la sociedad. Tal vez ha estado en otro orden, fuera de
todo lo que provocaron sus planes económicos y la famosa “convertibilidad” de
Cavallo.
Pero la
situación de los medios de información argentinos con este poderío especial,
viene de mucho más atrás. Se supo en estos últimos tiempos, lo que realmente
pasó con “Papel Prensa” allá por los setenta, en pleno proceso militar. La
señora Herrera de Noble recibió de parte del General Videla, la venia para
quedarse con la empresa más grande del país en producción de papel, que fuera
quitada a sus dueños de forma tremenda. Desde allí comenzó el nacimiento de un
aparato periodístico que se fue ramificando. No por nada en estos últimos días
se conoció la frase “Clarín es un invento argentino”, ya que así se fue
enquistando en nuestra idiosincrasia como receptores de noticias.
Hasta aquí
podemos hablar de un multimedio que se dividió en medios más chicos y que
fueron propagándose en todo el país como un pulpo informativo. Abrió escuelas
con una idea de periodismo que fue formando parte y haciéndose carne en las
actividades de nuestros escribas y difusores.
Así durante casi
cuarenta años, suficientes para imponer un modelo que todos compramos. Una idea
de trabajo que se adaptó a los dos tipos de gobiernos, el de facto y el
democrático. También que acompaño los planes económicos, obviamente orientados
hacia la política neoliberal que lo apoyó y protegió en los momentos mas
difíciles de nuestros país. Pudo lograr imponer sus ideas ante los gobiernos y
debilitó algunos. Vale recordar los últimos años del gobierno de Alfonsìn,
quien fuera dilapidado no solo por la fuerte hiperinflación sino también por
una manipulación de la opinión pública. Luego vino Menem, el cual cumplió con
los deberes a rajatabla y les dio todo lo que querían, que es dominar la
totalidad de la opinión publica con un solo relato, es el reniego que hoy tiene
el grupo con el oficialismo, “el relato” que tanto critica y que fue su leit
motiv durante todos estos años. Entre medio se presentó el gobierno de De La
Rua, que no pudo aguantar las famosas” tapas de Clarin”. Así llegaron los
nuevos aires de 2003, con la asunción de Nestor Kirchner, quien tomó la posta
para gobernar a un país que venia de un 2001-2002 muy devastador, como nunca.
Kirchner tenía
que hacer muchas cosas al mismo tiempo, como para sacar adelante la Argentina.
Fuerte era el desafió que se le presentaba y este gobernador del sur apareció
en la escena central de la política nacional, para hacer una vuelta de tuerca
en las ideas ya establecidas. Cumplió con las asignaturas pendientes de penas a
militares, que en años anteriores se habían beneficiado con indultos y otras
(obediencia debida, punto final) e hizo emerger un discurso desde su atril para
identificarse con un estilo de política novedosa en nuestra sociedad, comenzaba
el Kirchnerismo. Los planes económicos y la bienaventuranza de la soja, fueron
el puntapié inicial para que Argentina emergiera de a poco de una crisis que la
llevó al mismo default que hoy azota a la Unión Europea, se tocó fondo y se
pudo salir. Mientras tanto, toda esta situación que se vivió durante años, era
vista como siempre por un ojo ejecutor importante, el grupo multimedios mas
grande llamado Clarín y que fuera emulado por otros que copiaron su negocio
(Caso grupo Pierri Telecentro, Vila Manzano, Eurnekian).
No se sabe que
pasó, pero en un momento del año 2008 la cosa sufrió un viraje Se introdujo en
escena la Ley de Medios, que significaría una reestructuración del negocio,
impuesta por la ya en el poder,
presidenta Cristina Kirchner
Los monopolios
temblaron, también se habían sumado al mercado algunos grupos oficialistas
(Spolski, Moneta), en estos últimos años que entró en vigencia la ley. Un
régimen que no podía hacerse efectivo porque Clarín pugnaba por retrasar su
operatoria, a través de cautelares judiciales. Básicamente las reglamentaciones
a las que tienen que “adecuarse” los monopolios de información con esta ley, es
a desinvertir todos sus capitales depositados en numerosas licencias que avalan
su poderío, en el gran espectro comunicacional que cubre todo el país. Vale
decir que los hechos que son noticia y se ven en Buenos Aires, son las mismas
que ve un jujeño por ejemplo. Así siempre se controló la opinión publica
manejada por unos pocos.
Las demoras en
instrumentar la ley, llevaron a un ultimátum por parte del gobierno de Cristina
Kirchner, que catapulto un día emblemático, el 7D. Ya nada seria los mismo
luego de ese día, la ley demorada tres años por jugarretas legales, debe
ponerse en marcha de una vez y así iniciar un nuevo proceso en el trabajo del
periodismo argentino. Surgieron los gritos de ensañamiento de los grupos que
responden a la derecha argentina, pero también de la gente que sigue
manteniéndose cautiva del relato monopólico. Se expresaron los 8N y los 20N,
clases medias que aumentaron en estos últimos años, gracias a la gran siembra
económica y armadas con sus cacerolas. Luego vino el turno de los trabajadores,
que se aunaron entre CGT y CTA e intentan crear un frente unificado, tratando
de volver a las raices de la patria descamisada de Perón. Todos se han expresado
en estos últimos dos meses, para darle el marco de importancia a esto que se
inicia ahora.
Es el turno de nosotros, los que sabemos que
hay que informar con la verdad y libres de presiones. Con la sola intención de
hacer lo que nos gusta, siempre más y mejor, allá vamos.

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