A 25 años de
la muerte del Negro Olmedo, que nos dejó imprevistamente y acéfalos de tantos capítulos que vendrían en su vida artística.
Son pocos los artistas populares
que pueden disfrutar el apogeo de su estrellato, es decir nacer, estar en la
cima, mantenerse y después indefectiblemente fenecer. Hay que tener un talento
y suerte que deben mantener contra viento y marea mientras se producen esos
escalamientos. La televisión es el trono más abarcador que tiene este viaje de
los artistas y paradigmas de medios en su popularidad. Todos han escrito su
carrera de diferentes formas y como
decíamos, con las circunstancias y obstáculos que tenían plantado en su camino. Surge el misterio de decir porque algunos llegan hasta donde otros no, entonces podemos
citar muchos nombres: Desde Carlos Gardel, pasando por Pipo Mancera , Mirtha
Legrand y mas acá Marcelo Tinelli, estos son los ejemplos mas congruentes tal vez
y los hay muchísimos más, muchísimos.
Cada uno hizo lo que quizo, lo que pudo
y lo que le dejaron hacer, cada uno tuvo su oportunidad en esta vida de brillar,
ser reconocido y admirado y también, porque no decirlo, afirmar un posición
económica.
Su nivel de vida quizás sea la
razón inicial de una estrella como la fue Alberto Olmedo, nacido un 24 de
agosto de 1933 en ese Rosario popular y tan tradicional de la provincia de
Santa fe, de donde salieron muchos otros artistas y autores que han sabido
incorporar su idiosincrasia a nuestro país. Tal vez su pobreza fue el puntapié
para que “El Negro” ,como le decían sus amigos, “sus amigos”, ya que no sentía
una gran simpatía cuando se lo decía un extraño del publico, iniciara una carrera
vertiginosa hacia la cúspide del estrellato y de la importancia paradigmática
que tuvo para nuestra sociedad.
Desde muy pequeño se entregó a la
artística en su ciudad natal, hasta que un día ya en Buenos Aires, trabajando
como switcher en el viejo canal 7, se animo a enfrentar su destino. En un
almuerzo frente a una concurrencia de directivos del canal, improvisó una
actuación que hizo estremecer el ojo clínico de un productor del canal, que
inmediatamente le propuso trabajar de actor por lo que de ahí en más vendrían
participaciones en programas y demás.
En los años 60 llegó el momento
de volar solo, “El Capitan Piluso” fue un personaje que lo metió en la
popularidad de los chicos y también porque no decirlo, de los grandes. Es de
recordar una reposición del programa a principios de los ´80, donde
atrapaba a toda la familia. Volviendo a los finales de los ´60, surgió la
vinculación con los hermanos Sofovich, donde inicio la entrada a los programas
de humor exitosos que el dueto familiar supo mantener. “Operación Ja-Ja”, “El Botón”
y tantos otros, limaron la artística y el talento del Negro quien ya jugaba en
primera en los años ´70. La pareja en
cine y teatro con Jorge Porcel , otro gran humorista, consolidaba su
mantenimiento en la meseta de la popularidad. Años después, luego de un conflicto entre los
hermanos Sofovich, que no se supo nunca que misterio los separó, Olmedo decidió
seguir con Hugo y allí inicio una etapa que lo tenia como alma matter de una
compañía de actores que se fueron forjando con el. La pieza se fue moldando
primero con “Olmedo y Susana”, para pasar inmediatamente a “No toca Botón” que
conjuntamente con la vuelta de la democracia, remonta al Negro a una etapa
memorable. Empezaron a surgir los personajes como de la galera de un mago: “El
Pitufo””Chiquito Reyes””El General de Costa Pobre”, y siguió con “Rogelio
Roldan”,”El Manosanta”,”Álvarez y Borges”, este último, en una dupla eterna
con Javier Portales, continuaban el ascenso del humorista cuya cúspide parecía
no tener fin.
La radiografía de su final es paradójica,
un hombre que llego a paso de hormiga y por el trabajo, dedicación y aprendiendo durante
muchos años, se encontró una mañana de sábado 5 de marzo de 1988, con el final
abrupto de su vida. Estaba haciendo en Mar del Plata la parte final de una temporada
temporada teatral mas en su carrera En esa ciudad popular por antonomasia del espectáculo, allí
adonde quieren llegar todos los artistas, actores y comediantes, quienes pretenden lograr la mayor recaudación de la temporada,
ahi estaba Olmedo otra vez con su trabajo. Su obra “Éramos tan pobres”
parecía resumir en su titulo, el pensamiento de que nunca olvido sus orígenes y tal vez hay sido la razón de haber logrado algo importante para su vida.
54 años eran los que tenía cuando se cayó de
aquel piso 11 del suntuoso edificio Maral 39 frente a la playa Varese, su
cuerpo se desplomó en un pequeño jardín en la vereda del edificio, rebotando en
el pasto corto y cuidado, para terminar en el asfalto de Avenida Peralta Ramos. La foto de tapa de la revista
“Gente” de aquel día, mostraba el cuerpo descalabrado del actor y su pareja Nancy
Herrera arrodillada frente a él, gritando desesperada. Nunca hasta hoy, se pudo
entender que aquel seria el final de Olmedo, pareciera que a la risa franca de los
argentinos y a su alegría, siempre hay que troncharla con una desgracia.
Desde aquel día, el Maral 39 quedó como una
reliquia histórica en Mardel, seguramente muchos de sus propietarios o inquilinos
veraniegos habrán dicho todos estos 25 años, “este es el edificio de donde
se mató Alberto Olmedo”, ”Por aquí anduvo en esos tiempos, este es el ascensor
al que habrá subido varias veces”. También muchos de los que pasean por allí en verano, mientras caminan en ojotas por la costanera marplatense, dirigen su mirada hacia el frente del edificio y cuentan con sus ojos los balcones hasta llegar a ubicar el del piso once. Juegan con la fantasía de que no haya existido aquella mañana del sábado 5 de
marzo y con la ilusión de poder volver a
verlo actuar al Negro.


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