Cuando
uno va a un organismo de Dirección de
Tránsito a tramitar el registro de conducir, se encuentra con dos posibilidades para poder sacarlo, la
primera seria normal y hay una segunda
digna que no lo es tanto. Documentación, arancel, revisión oftalmológica, examen de
leyes de tránsito y prueba de manejo engrosan los requisitos de la normalidad
del trámite. Con todo lo anterior superado, estamos listos para retirar el
flamante registro de conducir, que tendrá una vigencia de algunos años. Para la
gente mayor de cincuenta o sesenta años, la vigencia de sus registros, es mas corta.
Las academias de conductores, muy
tradicionales en toda sociedad, enseñan al novato del volante a conducir
en un curso de un costo equis. Además, en el curso, están incluidas las clases
teóricas de leyes y señalización de tránsito. Otra de las cuestiones por las
cuales los entrenan, es para explicar cómo será el examen en la dirección de
tránsito, formando al futuro conductor, para que supere la prueba
con facilidad elemental.Las diferentes categorías en que se dividen los registros son: Para motos, auto-camionetas, camiones, colectivos y transporte de carga, estos tres últimos encuadran a los registros profesionales, los primeros son particulares. La otra posibilidad, digna de comentar, para sacar el registro, es la que quizás tenga que ver con las anomalías que produjeron y siguen produciendo la gran inseguridad vial que viven hoy nuestras calles y rutas de todo el país. Los arreglos y “coimas” para poder sacar el registro mas fácil, son una logistica organizada que sigue latente y funcionando en nuestra sociedad.
Hace más de 15 años, una de las rutas que
protagonizaban la mayor cantidad de accidentes, era la 2. Hoy todo cambió y no
hay tanto registro de siniestros, ya que se pudo ensanchar la ruta y hoy lleva el
nombre de autovía 2. Con dos carriles por mano y un boulevard que separa a las
dos arterias, el acceso, preferentemente hacia la costa durante la temporada
estival, es un poco más seguro. En verano de los `80 y hacia atrás, era
tradicional ver tapas de diarios con el titular “Tragedia en la ruta 2”, eso
fue pasado pero no tanto, porque hace unos días ocurrió algo que cambió la
teoría de la seguridad vial del presente, un camión de ladrillos chocó de
frente con un micro de pasajeros procedente de Mar del Plata provocando varias
víctimas.
La inseguridad vial también fue
fogoneada debido al gran aumento de vehículos en el parque automotor, esto ha
hecho que el transito sea cada vez más complicado en las grandes ciudades y
peligroso en las rutas nacionales. No olvidarse tampoco del cierre de los
ramales ferroviarios y las
privatizaciones en los noventa con el menemismo, que produjeron una suba en el
uso de las rutas y una devastación en muchos pueblos que vivían de los trenes.
Las familias del interior, que se trasladaron a Buenos Aires en los `60, tenían
como aliado fundamental a los ferrocarriles, eran más económicos y podían trasladarse
constantemente a los pueblos del interior. Hoy esa gente quedó aislada
totalmente y han separado familias, por esa distancia infranqueable. Los costos de los micros se tornaron más
caros y sus trayectos más peligrosos.
Como
conclusión entonces, el problema ha venido de la
mano del aumento de parque automotor, la degradación del transporte público y
la poca o ninguna preocupación de la clase política y sus sucesivos gobiernos,
del no tratamiento total del problema. Solo hay, como siempre, remiendos de
soluciones. El gobierno actual, creo la ANSV (Agencia Nacional de Seguridad
Vial), quien intenta cumplir un papel protagónico en la solución del problema,
pero pareciera no cumplir con las expectativas. Los hechos trágicos sucedidos en
estos últimos días, entre ellos el caso del taxista descontrolado, que se cruzó
de mano por la avenida Santa Fe, subió a la vereda terminando por arrollar y matando una joven y
dejando otros peatones heridos, tampoco parece ser la gota que derramará el
vaso para atender el tema. Sumémosle el historial de situaciones y victimas
que podrían haberse evitado, como por ejemplo la tragedia
de Kevin Sedano, también arrollado por imprudencia, por la cual su madre fundó “Madres del dolor” con la idea de
reclamar por justicia. Ella pudo juntar mucho apoyo de personas que pasaban por su
misma situación. El índice de victimas que al día de hoy cobraron las rutas
argentinas, ya es absolutamente espeluznante. La organización “Luchemos por la
vida” es pionera en tratar de generar una educación para concientizar en la vía publica.
Las
victimas en moto también son un porcentaje importante, muchos son los muertos
en los vehículos de dos ruedas. Se los asocia a los motociclistas con
delincuentes ya que últimamente los hechos delictivos se suceden con estos
transportes, que por lo general son adoptados por adolescentes. Tal vez implementando la popularización del uso de la
moto, como lo es en China por ejemplo, donde toda esa sociedad circula por las
zonas céntricas con estos rodantes y que el auto no existe en demasía, pueda
aflojarse el colapso de tránsito, en capital y conurbano al menos. Las
bicisendas de la ciudad hoy no tienen gran popularidad, pero a medida que pase
el tiempo podrán irse incluyendo en la cultura del circulante urbano. Las
motosendas podrían ser otra variable.
Sin
lugar a dudas que la inseguridad vial va de la mano de muchos factores, entre
ellos la desidia política, la falta de reclamos de la sociedad, quien debería
tener esa responsabilidad de exigir sobre su bienestar y luego el poco interés por la vida del otro.


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