viernes, 1 de febrero de 2013

LA INSEGURIDAD VIAL CONTINUA SU CRECIMIENTO

La vía publica y el transito, grandes protagonistas constantes y evolutivos de la evolución o retroceso  como sociedad.

Cuando uno va  a un organismo de Dirección de Tránsito a tramitar el registro de conducir, se encuentra con dos  posibilidades para poder sacarlo, la primera  seria normal y hay una segunda digna que no lo es tanto. Documentación, arancel, revisión oftalmológica, examen de leyes de tránsito y prueba de manejo engrosan los requisitos de la normalidad del trámite. Con todo lo anterior superado, estamos listos para retirar el flamante registro de conducir, que tendrá una vigencia de algunos años. Para la gente mayor de cincuenta o sesenta años, la vigencia de sus registros, es mas corta.
Las academias de conductores, muy tradicionales en toda sociedad, enseñan al novato del volante a conducir en  un curso de un costo equis.  Además, en el curso, están incluidas las clases teóricas de leyes y señalización de tránsito. Otra de las cuestiones por las cuales los entrenan, es para explicar cómo será el examen en la dirección de tránsito, formando al futuro conductor, para que supere la prueba con facilidad elemental.


Las diferentes categorías en que se dividen los registros son: Para motos, auto-camionetas, camiones, colectivos y transporte de carga, estos tres últimos encuadran a los registros profesionales, los primeros  son particulares. La otra posibilidad, digna de comentar,  para sacar el registro, es la que quizás tenga que ver con las anomalías que produjeron y siguen produciendo la gran inseguridad vial que viven hoy nuestras calles y rutas de todo el país. Los arreglos y “coimas” para poder sacar el registro mas fácil, son una logistica organizada que sigue  latente y funcionando en nuestra sociedad.

Hace más de 15 años, una de las rutas que protagonizaban la mayor cantidad de accidentes, era la 2. Hoy todo cambió y no hay tanto registro de siniestros, ya que se pudo ensanchar la ruta y hoy lleva el nombre de autovía 2. Con dos carriles por mano y un boulevard que separa a las dos arterias, el acceso, preferentemente hacia la costa durante la temporada estival, es un poco más seguro. En verano de los `80 y hacia atrás, era tradicional ver tapas de diarios con el titular “Tragedia en la ruta 2”, eso fue pasado pero no tanto, porque hace unos días ocurrió algo que cambió la teoría de la seguridad vial del presente, un camión de ladrillos chocó de frente con un micro de pasajeros procedente de Mar del Plata provocando varias víctimas.

La inseguridad vial también fue fogoneada debido al gran aumento de vehículos en el parque automotor, esto ha hecho que el transito sea cada vez más complicado en las grandes ciudades y peligroso en las rutas nacionales. No olvidarse tampoco del cierre de los ramales ferroviarios  y las privatizaciones en los noventa con el menemismo, que produjeron una suba en el uso de las rutas y una devastación en muchos pueblos que vivían de los trenes. Las familias del interior, que se trasladaron a Buenos Aires en los `60, tenían como aliado fundamental a los ferrocarriles, eran más económicos y podían trasladarse constantemente a los pueblos del interior. Hoy esa gente quedó aislada totalmente y han separado familias, por esa distancia infranqueable. Los costos de los micros se tornaron más caros y sus trayectos más peligrosos.

Como conclusión entonces, el problema ha venido  de la mano del aumento de parque automotor, la degradación del transporte público y la poca o ninguna preocupación de la clase política y sus sucesivos gobiernos, del no tratamiento total del problema. Solo hay, como siempre, remiendos de soluciones. El gobierno actual, creo la ANSV (Agencia Nacional de Seguridad Vial), quien intenta cumplir un papel protagónico en la solución del problema, pero pareciera no cumplir con las expectativas. Los hechos trágicos sucedidos en estos últimos días, entre ellos el caso del taxista descontrolado, que se cruzó de mano por la avenida Santa Fe, subió a la vereda  terminando por arrollar y matando una joven y dejando otros peatones heridos, tampoco parece ser la gota que derramará el vaso para atender el tema. Sumémosle el historial de situaciones y victimas que podrían haberse evitado, como por ejemplo la tragedia de Kevin Sedano, también arrollado por imprudencia, por la cual su madre fundó “Madres del dolor” con la idea de reclamar por justicia. Ella pudo juntar mucho apoyo de personas que pasaban por su misma situación. El índice de victimas que al día de hoy cobraron las rutas argentinas, ya es absolutamente espeluznante. La organización “Luchemos por la vida” es pionera en tratar de generar una educación  para concientizar en la vía publica.

Las victimas en moto también son un porcentaje importante, muchos son los muertos en los vehículos de dos ruedas. Se los asocia a los motociclistas con delincuentes ya que últimamente los hechos delictivos se suceden con estos transportes, que por lo general son adoptados por adolescentes. Tal vez  implementando la popularización del uso de la moto, como lo es en China por ejemplo, donde toda esa sociedad circula por las zonas céntricas con estos rodantes y que el auto no existe en demasía, pueda aflojarse el colapso de tránsito, en capital y conurbano al menos. Las bicisendas de la ciudad hoy no tienen gran popularidad, pero a medida que pase el tiempo podrán irse incluyendo en la cultura del circulante urbano. Las motosendas podrían ser otra variable.

Sin lugar a dudas que la inseguridad vial va de la mano de muchos factores, entre ellos la desidia política, la falta de reclamos de la sociedad, quien debería tener esa responsabilidad de exigir sobre su bienestar  y luego el poco interés por la vida del otro.

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