sábado, 29 de septiembre de 2012

LA CULTURA NARCO-COLOMBIANA EN NUESTRO PAIS


Las grandes organizaciones instaladas en nuestro país. Los crímenes perpetrados por sicarios dejan huellas tremendas y ya no hay retroceso.

La serie de asesinatos perpetrados por sicarios en estos últimos años en Buenos Aires, generaron un clima alarmante en nuestro país, y es el del establecimiento de las organizaciones narcos en la Argentina. Muchas investigaciones periodísticas se han leído y visto con respecto a lo que significa para Colombia convivir con importantes grupos que producen, administran y venden drogas. Es muy fácil hacer un relevamiento de nombres: Pablo Escobar Gaviria, Gilberto Rodríguez Orejuela, Juan Carlos Ramírez Abadía, José “Chepe” Santa Cruz y actualmente Daniel “El Loco” Barrera son algunos de los que forman una lista interminable de nombres que han ido engrosando organizaciones como el Cartel de Cali, Medellín y otros.

La situación no termina aquí, solo hagamos un viaje imaginario hacia los años `70, allí podremos observar que comienza la producción empresarial de droga. Desde aquellos tiempos, estas “empresas” fueron creciendo y dejando en el tendal muchas derivaciones. El mercado fue en aumento, los EEUU se pusieron en la misión de erradicarlos, pero no pudieron o no quisieron. El hecho es que hoy están dispersos por todo el mundo, tanto los compradores como los vendedores. Adictos y dilers son parte de una radiografía constante en las grandes ciudades.


Lo dicho es un resumen que podría dar un preámbulo de que la situación ya se ha desmadrado, y que hay pocas opciones de cambiar la situación. Comencemos a focalizarnos en Argentina, durante muchos años fue un país de tránsito, pero en los años `90 se transformó en consumidor pleno. De esta manera se fueron mudando familias enteras narcos a vivir a nuestro país, a causa de ser perseguidas en Colombia. El caso de la viuda de Escobar Gaviria, quien fuera muerto en su país en 1993, es un ejemplo de este éxodo.
 
 Victoria Eugenia Henao Vallejos vino a vivir con su hijo en el año `95. Afincada en un coqueto semipiso del barrio de Núñez y con la venia del gobierno menemista, esta señora pasaba desapercibida por sus vecinos y compraba el pan en la misma panadería que lo hacía cualquiera de sus vecinos argentinos. La salvedad fue haberse cambiado el nombre, María Isabel Santos Caballero era la identificación falsa, vivió cómodamente durante varios años, hasta que el 15 de noviembre de 1999, la Unidad Antiterrorista de la Policía Federal la detiene.

Pablo Escobar Gaviria, había sido muerto varios años antes, y con esta situación comienza una larga historia de asesinatos y persecuciones. Este hecho produjo el éxodo de muchas familias de carteles colombianos hacia nuestro país. Se establecieron totalmente desapercibidos en muchos puntos de Buenos Aires, se mutaron entre la gente. Se inicia una etapa de inserción de una nueva cultura en nuestro suelo, la de los narcos.

Las persecuciones empezaron a realizarse desde los EEUU, agentes de la DEA y otros, iniciaron los encarcelamientos de estos nombres, que surgían de la nada, pero se renovaban a medida que iban atrapando o asesinando a alguno. Luego se gestó una suerte de guerra entre los narcos, los negocios siempre fueron millonarios desde que se originaron estas redes. Las ramificaciones iban creciendo cada vez más y ya no tenían espacio en Colombia.

En la actualidad, hay que bosquejar el cuadro que se diseñó en nuestro país. Las villas de la capital se transformaron en protagonistas en los últimos años, varias se convirtieron en el refugio de los narcos. Se concentran en los asentamientos las grandes organizaciones delictivas y de narcotráfico. Desde esos lugares se expende la droga para el mercado local. Ya somos un país consumidor y desde aquí salen grandes capitales y negocios para estas mega organizaciones delictivas. Lo que también heredamos como país de consumo y ya no de transito, es la violencia que trajeron a cuestas de Colombia estos grupos.

Aun hoy recordamos el caso del jugador de la selección Andrés Escobar, acribillado a la salida de un parque de diversiones por un sicario, algunos días después de quedar eliminado de la copa del mundo `94. La selección colombiana perdió en aquella oportunidad, a causa de un gol en contra de Escobar. La historia dirá que pago caro su falla, porque los carteles colombianos lo mandaron a matar. Esa fue una de las escuadras más fuertes que tuvo Colombia Con jugadores como “El Pibe” Valderrama, Fredy Rincón y tantos otros. Contó con la financiación de los carteles y de esa manera pudieron lograr ser favoritos para intentar llegar a las instancias finales de ese mundial, pero el gol en contra troncho todo. Este asesinato, pone en evidencia las actividades de un componente mas en estas organizaciones, la figura del “Sicario”, conocida en estos últimos años mas fehacientemente por nosotros, ya que actuó en tres hechos concretos en nuestro país: El doble asesinato del Unicenter, el crimen del yate en San Fernando y de la esquina de Marcelo T. Alvear y Talcahuano. Obviamente habrán tenido lugar muchos casos más, pero estos tres reflejan la síntesis de que las organizaciones narcos colombianas se asentaron en nuestro país  para no irse nunca más.
 

La seguidilla de asesinatos pocos o nunca antes concebidos en nuestro país, prendió una alarma en nuestra sociedad. El “Sicario” o asesino a sueldo, según Wikipedia, es una persona que mata por encargo a cambio de un precio. Es una figura conocida por el derecho romano que reguló especialmente su condena penal, por la particular crueldad con que se conducían estos asesinos.

El 9 de mayo de 2008, tres colombianos salían del Unicenter de Martínez y fueron sorprendidos en el estacionamiento por un motociclista, el cual le descerrajo varios tiros a estos colombianos que estaban subiendo a su auto. Las víctimas fueron Héctor Luque Ceballos (alias Monoteto) y Jorge Alexander Quinteros Gatner, en tanto que Julián Andrés Jiménez Jaramillo resultó sobreviviente de la masacre. Otra de las cuestiones que se descubrieron con estos hechos, trata sobre la identidad de las víctimas, cambiaron sus nombres y sus docuementos, lo habían hecho de una manera muy fácil dentro del territorio de nuestro país.

Los móviles de los asesinatos recorren una pista que tiene que ver con las guerras y vendettas entre carteles, y utilizaron como escenario nuestro país para limar sus asperezas. La historia no termina acá, menos de un año después, el 23 de febrero de 2009 se abre un capítulo más de esta batalla, es asesinado en la puerta de un negocio de náutica en San Fernando, Juan Sebastián Galvis Ramírez de 29 años. Este colombiano es erróneamente muerto, ya que según las investigaciones, habría sido confundido con su cuñado Jorge Iván González Ramírez. La víctima estaba sentada en un banco que se encuentra en la vereda del negocio de náutica, cuando un motociclista se detuvo imprevistamente y le descerrajo diez tiros que acabaron con su vida.

Por último se perpetró el crimen de Barrio Norte, fue exactamente en la esquina de Marcelo T. de Alvear y Talcahuano el 17 de abril de 2012. Ese día fue asesinado Carlos Brausin García. Un motociclista lo sorprendió y le descerrajo varios disparos y pudo escapar a pie por la avenida Santa Fe, mutándose entre la gente.

Otro hecho que va en concordancia con lo acontecido hasta el momento, fue el operativo Luis XV, allí se pudo desbaratar una organización que pretendió enviar a Europa un cargamento de 280 kilos de cocaína. Toda esta droga pretendía ser disimulada entre revestimientos de muebles de estilo, de ahí la denominación del operativo. Todo salió mal para esta organización, la cual pretendió dar un paso importante para su negocio en nuestro país. Las autoridades locales lograron desarticular esta madeja y dar con varios de sus autores. Aquí es como comenzó una difusión más abierta a nivel de los medios periodísticos y es que esto significó instalar el tema de que los grandes carteles colombianos de la droga, estaban instalados y operando desde hace muchos años en nuestro país.

Lo que se concluye aquí es que todo gira en torno a crímenes y venganzas y por el motivo principal del negocio de la droga. El escenario de nuestra ciudad parece propicio, ya que los operativos se desarrollaron con una facilidad y un manejo enorme de tiempos. La policía local no logró evitar ninguno de estos tres casos, se actuó en zonas liberadas y todo parece indicar que la situación continuará. En estos últimos días se conoció la detención del “Loco” Barrera, narco importante, con lo cual se pretende llegar a desbloquear al menos un poco a las organizaciones. Los narcos están aquí instalados, imponiendo desde hace años una cultura que ya han formado a muchos argentinos y no piensan detenerse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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